A veces, cuando menos te lo esperas, la vida te hace extraños regalos. Circunstancias espontáneas que sin aparente intención y casi inocentemente te llevan. Esta vez me ha tocado a mi y me llevan de vuelta a mi tierra. Por segunda vez en el mismo año. Algo que no había ocurrido desde mis tiempos de estudiante en USA cuando las vacaciones eran épocas más abundantes y las escasas responsabilidades te lo permitían.
Tiene que ser un regalo, porque siento que yo no me lo he ganado. No he tenido precisamente una época de trabajo duro y exigente, un período estenuante que amerite un gran descanso. Y sin embargo, me va a venir muy bien. Ese mismo período de baja productividad, ha sido también una época de mucha reflexión y cuestionamientos, de actividad por la que no se puede dar cuenta más que a uno mismo. Ha sido, también, una etapa de pocos sueños y motivaciones y mucha monotonía e indecisón.
Curiosamente, la primera decisión "relevante" y concreta que he tomado en todo este tiempo es la de viajar a España. Es fácil tomar una decisión así cuandose trata de vacaciones. Pero aunque para mi significa escapar del invierno y "teletransportarme" al verano Mediterraneo, volver a mi querida Andalucía a la que no he visitado desde hace 10 años, y poder disfrutar de los familiares y amigos de los que me encuentro tan lejos y que tanta falta me hacen a veces; curiosamente, cuánto mas se acerca el momento, más me doy cuenta de que la decisión fue una cuestión de necesidad.
Este regalo de la vida me ha traído ilusión, y para que negarlo, un poco de ilusión nunca viene mal. La ilusión es un buen combustible para el alma, un buen lubricante para el corazón y un excelente refrigerante para la mente. Sin duda esto tiene pinta de puesta a punto, esa que desde hace un tiempecillo me viene haciendo falta. Pero, a fin de cuentas…¿quién no necesita una de vez en cuando?
Nos "vemos" en Septiembre. :-) Un abrazo
TAGS: españa, Reflexiones, viajes
Eran las 13:00 hora española. Desembarcaba de 12 horas y media de viaje. En esta ocasión, el largo y tedioso viaje se transformó en un increíble descubrimiento: era la primera vez que conseguía hacer el viaje sin ansiedad, sin miedos , sin el sudor en la manos y el nudo en el estómago, sin pastillas para dormir. La “cura de fobias” que, a modo de ejemplo ilustrativo para una de las clases me hizo mi profesor de PNL, había funcionado.







