Para explicar este término hay definiciones para todos los gustos: mística, religiosa, esotérica, filosófica, metafísica… es sólo cuestión de escribir “álma cósmica “en google y con seguridad encontrarás la explicación que más se acomode a tu forma de entender el mundo.
Lo cierto e importante es que el concepto de “alma cósmica” está presente desde las culturas primitivas, es un concepto que pasó también por los filósofos presocráticos, por Platón, Aristótes y filósofos más recientes… es decir, no es nada nuevo. El término apunta a intentar explicar algunos aspectos sobre la esencia fundamental y común entre las cosas: los más racionales en términos relativos a los humanos, los más metafísicos en términos relativos a lo energético…etc. Personalmente, veo el alma cósmica como ese invisible lazo que nos une a todos los seres de este planeta (…o de la galaxia, o del universo…) y da sentido a lo que llamamos “equilibrio universal” y a la “justicia natural”(que no es justa ni injusta) y que, de alguna forma, nos muestra que todas las energías y fuerzas cósmicas estamos, de alguna forma, interconectadas. Y cómo todos sabemos: “la energía ni se crea ni se destruye, se transforma”
La semana pasada Katty y yo fuimos de viaje al Valle de Elqui aprovechando un fin de semana de 4 días (por cierto que pronto subiré un video al respecto :-) ), ese lugar mágico para el retiro y la recarga de pilas al que recurro habitualmente. Desde Santiago son 8 horas de viaje en coche. Íbamos de camino, ya era de noche y nos encontrábamos en la fase final de nuestro viaje, a tan sólo una hora.

La carretera estaba oscura, iba a 100 km/h. De repente un perro, negro, “apareció de la nada“. Iba corriendo por la mitad del carril por el que circulaba, yo … no pude hacer nada. El silencio y un profundo sentimiento de tristeza se apoderó de nosotros. El resto del camino no hablamos nada. No podía dejar de pensar en el pobre animal distraído, corriendo libre por la carretera en esa maravillosa noche de primavera, confiado y contento. Sin quererlo, sin poder hacer nada, me convertí en su verdugo, en su ejecutor. Todo en cuestión de 2 segundos. Era la primera vez que atropellaba un perro en mi vida. (…Video…)
(…) La última noche de nuestro “retiro” decidimos bajar a Pisco Elqui. Es un pueblo muy tranquilo y peculiar, resguardado en un valle entre inmensas montañas. Ahí conocíamos un par de lugares realmente agradables para disfrutar del cielo estrellado mientras te tomas algo. Para nuestra sorpresa, uno de ellos “Los Jugos” (que en realidad son dos locales) estaba completamente destruido. Según nos contó un lugareño, se había incendiado recientemente. Nos dirigimos a nuestro lugar predilecto, “Donde la Elke”
para disfrutar de sus cenas con fogata…sí, en el centro del patio donde se encuentran las mesas, tiene un espacio donde el anfitrión, Alberto, mantiene encendida una fogata durante toda la velada. Es una experiencia realmente agradable. También para nuestra mala fortuna, no tenía mesas: todo reservado. Se deshizo en mil disculpas y nos dejó convocados para la próxima visita. Decidimos entonces buscar un nuevo destino para no regresar “con las manos vacías” de vuelta al campamento.
Como no todo podía ser tan desafortunado, encontramos una hostería, “Los Dátiles“, que tenía muy buena pinta. Nos decidimos a entrar. La elección no pudo ser más acertada… o al menos eso creímos al principio. La terraza era inmensa, tenía unas vistas espectaculares (aunque en realidad a esa hora no distinguías mucho), había “buenas vibras”, y la atención y la cena fueron muy buenas. Nos retiramos sintiéndonos plenos: contentos y satisfechos después una velada a la luz de las velas, un cielo colmado de estrellas y esa fina embriaguez que te da el buen vino…
El camino estaba oscuro, subíamos por el pequeño sendero que separaba el restaurante de la salida de la hostería. Un gran perro blanco salió a nuestro encuentro. Nos ladraba ferozmente con cara de pocos amigos. Nos detuvimos. De repente, “apareció de la nada” otro perro. Vino por detrás, lo vi pasar junto a mi y sentí un fuerte golpe en la pierna. Era pequeño y se puso a la par de su compañero. Al momento, la dueña salió detrás espetándolos para que nos dejaran en paz. Cuando salimos de la hostería y de la oscuridad, bajo la primera luz que me lo permitió, me revisé el golpe que sentí en la pierna. Me molestaba, me dolía mucho. Al mirarme, me di cuenta que no era un golpe lo que tenía, sino un mordisco. Era la primera vez que un perro me mordía en mi vida.
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5 comments so far
Gracias por compartir esta experiencia,Juan.
Quizas no sea bueno centrarse en la culpabilidad,ni tampoco en la posibilidad de haber evitado el accidente, es curioso el final y deja abierto un interesante debate.
” venganza dirigida ?justicia animal? coincidencia?”
Cujo.
November 13th, 2007 at 8:53 am
320 dias de sol al año ???…ni en nuestra querida Murcia o ALmeria,tenemos eso ¡¡¡¡
Perdon por distraer el debate ¡¡¡ que bien vivimos¡¡¡¡ que envidia una vez mas,si yo pudiera lo haría tambien igual que tu…..que c+ño si lo he hecho este fin de semana…mañana en el blos lo tienes…
November 13th, 2007 at 8:56 am
Hola.. siento no poder visitarte con más frecuencia..
Que pena me da lo del perro.. pero estás cosas pasan.. fue un accidente solo eso.. Pero ahora lo del mordisco del perro.. y que ambos vinieron hacia ti.. es como si fuese la vida misma…
Te ha mordido y esa a sido su revancha.. puedes estar tranquilo.. ya el perrito negro debe estar corriendo feliz por las calles de los cielos..
Me ha gustado como nos has narrado tus 4 dias de aventura.. y el pueblo pisco elqui.. debe ser hermoso.. pon pronto el video para poder disfrutarlo mejor.
abrazos y gracias por visitarme ..
November 18th, 2007 at 6:55 pm
Leí tu blog hace días y cuando leí la historia del perro me pasaron cosas… tuve varios insights pero se quedaron conmigo, no quise escribir. Hoy, después de varios días, visito nuevamente tu blog y el perro sigue ahí. ¿Será una señal?, ¿Será que estoy paranoica y veo señales en todas partes?
No sé si es casual, pero hace como 10 días cuando salí a trotar presencié como un carro (auto o coche, como lo llamen) atropellaba (o arrollaba) un perro negro (qué casualidad). Corrí muy cerca del animal muerto en medio de la calle, tripas afuera y yo con la duda de si estaba realmente muerto o estaba medio vivo (aunque últimamente estoy aprendiendo que hay cosas que viven o no, no hay términos medios).
Lo cierto, mi Juan, es que mi perro sigue ahí. En el país que vivo, si muere arrollado un perro o un indigente (lo creas o no), se quedan en el medio del camino hasta que se consuma, se desintegre o pase a otra dimensión el cuerpo del pobre desgraciado. Y los idiotas como yo, no hacemos nada, lo creas o no.
No he dejado de trotar estos días y cada mañana paso al lado del cadáver de mi perro negro arrollado, lo veo desintegrarse poco a poco, ya solo queda un cuero delgado y la mandíbula. Esta noche ha llovido mucho, seguro saldré mañana y quedará menos de su evidencia corpórea.
Ayer me encontré con una jauría de perros (ni idea de dónde salieron los condenados), eran blancos, marrón claro, beige y grises (ninguno negro) y ladraban como fieras. Tuve que poner mi mejor cara de culo y agarrar par de peñones para espantar a esos bichos. Al salir airosa de la situación (entiéndase no mordida por los bichos) se me vino a la mente el pseudo cadáver del perro negro. No se si tiene que ver contigo, pero, definitivamente, si conmigo y con mi presente: no sé cómo ni por qué pero a veces soy perro muerto por alguien que me arrolla (con o sin intención pero, a fin y al cabo, me atropella), otras veces soy verduga y me llevo (queriéndolo o no) a ese perro por delante y otra veces más me uno a la jauría.
Me viene a la mente que soy un híbrido entre el perro que muere y el perro que muerde. Amigo, solo te pido que no vivas con culpa, los perros (blancos o negros) somos dos caras de la misma moneda.
Y ahora pasando a cosas ricas…. gracias por el Elqui
November 23rd, 2007 at 2:35 am
Por cierto, no lo he dicho pero me encanta Piskuesto, es full piskueto
November 23rd, 2007 at 3:13 am
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