La semana pasada me compré un Ipod nano. Hacía algún tiempo que me rondaba la idea de hacerme con un reproductor mp3 portátil por la cabeza, pero no había llegado al grado de convencimiento suficiente. Esto se debe, en parte, a mi “resistencia” a cambiarme totalmente al mundo digital cuando se trata de música.
Cuando se trata de la música reconozco que todavía le tengo aprecio al “objeto del deseo”, por decirlo de alguna manera. Tengo más de 400 Cds de música y la mitad más entre vinilos y caséts y me cuesta aceptar que todo eso se puede reducir a un disco duro de xxxxGb. Yo crecí en la era del casét y el vinilo. Mis primeras adquisiciones (que todavía tengo guardados en alguna caja en España) fueron enormes discos de 33 rpm, a los que había que dar la vuelta para escuchar el disco completo. A mi me gusta poder tener el “cuerpo” en mis manos. Leer las letras y revisar el material de las cubiertas. Es como un vínculo “físico” con el artista, con la banda. En los últimos 10 años, y aunque en la mayoría de los casos se trate de interés comercial más que interés por el público, el diseño de las portadas se ha convertido en una verdadera forma de expresión artística e incluso, en muchos casos, entregan librillos como complemento adicional… lo que se llama “un verdadero regalo” para personas como yo, amantes de la parafernália asociada a la producción de un álbum. Amantes del “concepto” de álbum.
Además, está “el cómo” se escucha la música. Cuando escucho un Cd, normalmente lo escucho completo, o me planifico para ello. No siempre me gustan todos los temas, pero los escucho de todas formas. Con el tiempo, algunos de esos que al principio me llamaron menos la atención, terminan gustándome. Con el mp3 es distinto, es algo más despiadado. Algo como “si me gustas te quedas y si no… te borro”. A mi me parece que, de esa forma, es menos probable que un tema reciba una “segunda oportunidad” de convencer al oyente. Bueno, rollos míos…
A pesar de esto, no puedo dejar de negar la conveniencia del mp3 y su tecnología asociada. La facilidad de uso de la mayoría de los reproductores este formato de audio junto con sus posibilidades de reproducción, recopilación, y sobre todo, organización de tu música hacen innegable su idoneidad como sistema para almacenar y administrar tus más variados gustos musicales. Lo cual, llevado al formato portátil se traduce en algo muy sencillo: puedes llevar encima MUCHA más música en MUCHO menos espacio y puedes hacer MUCHAS más cosas con ella.
En este sentido, el cambio de las oficinas donde trabajo ha sido un factor clave en mi decisión de compra. Nos cambiamos el 1 de julio y ahora estoy a 30 minutos andando desde mi casa (antes estaba a 30-45 minutos en coche), lo que significa que ahora casi todos mis desplazamientos diarios son a pie o en metro, y como a mí me gusta andar siempre escuchándo música :-) pensé que un reproductor mp3 podría ser un buen nuevo y conveniente compañero de viaje (a pesar de que eso signifique apartar a mi “viejo” compañero de viajes, el Discman).

El caso, es que al final me decidí y me fui a comprar uno. Opté por un iPod 2Gb porque soy un “Macero” desde que me puse a trabajar con computadores, simplemente disfruto y confío de la tecnología apple. Creo que apple es una compañía visionaria e innovadora y con muy buenas ideas. Si bien es cierto que es una empresa asociada a “altos costos”, en mi caso y según mi experiencia (he tenído 4 macs hasta el momento y nunca me han fallado hasta ahora), creo que los productos lo valen.
El Ipod nano es, sencillamente, una pequeña maravilla tecnológica. La filosofía apple de simplicidad de uso, diseño y rendimiento/portabilidad está presente en un 100%. Con 1 sólo botón y un pequeño pad controlas totalmente la complejidad de este organizador, moviéndote a través de diversos niveles de menús, de una forma fácil e intuitiva. Desde mi punto de vista, el iPod es todo un exponente de la usabilidad. La integración entre el iPod y el computador es totalmente transparente y sin complejidades. El sonido es excelente, incluso con los auriculares que vienen de fábrica, y su tamaño…ínfimo!! En fin, es lo que se dice “toda una joyita”.
Me alegro de haber cedido finalmente a la inexorable realidad de que cuando se trata de evolución…hay que adaptarse o morir. :-)
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